
Esta es una historia de amor entre un hombre y una mujer; un amor prohibido, intenso y devastador que nace entre dos hermanos. Nacidos mellizos y separados muy tempranamente tras el divorcio de sus padres, Selvaggia y Giovanni han vivido separados durante la mayor parte de su vida. Pero el retorno de la madre y de la hija adolescente a Verona cambiará la vida de esta familia para siempre. Cuando Giovanni ve por primera vez a Selvaggia el corazón le da un vuelco: es bellísima, seductora, caprichosa, provocadora y lo tiene completamente loco. El verano acaba de comenzar y ella está sola en una ciudad extraña, tan solo su hermano le hace compañía, descubriéndole las maravillas cotidianas que les rodean. Pronto surge entre los dos una súbita descarga, una tensión, una calidez que ninguno de los dos había sentido antes y que solo tiene un nombre: deseo. Desafiando los prejuicios sociales y llevando sus sentimientos hasta el extremo, ambos se embarcarán en una relación imposible, maravillosa y detestable a la vez, como el destino inexorable al que ambos se ven abocados.
Tenía mucha curiosidad por este libro por su polémica trama, ya que, además de Prohibido (reseña AQUÍ), nunca había leído nada sobre el incesto. Aun así ambas historias son muy diferentes: mientras que en esta obra los protagonistas se enamoran sin saber que son hermanos, en Prohibido sí que lo sabían y siempre habían vivido como tales.
Tras leerlo puedo decir que no me ha gustado nada. Allá van mis motivos:
- La historia. El incesto no tiene que ver con mi desagrado, el problema es que la trama no está ni bien construida ni bien llevada y que no es en absoluto creíble. Me han faltado detalles e información sobre el pasado de los protagonistas y de su familia.
- La narración. Al principio me resultaba curioso que la novela estuviera contada en segunda persona, pero acabó cansándome y haciéndoseme pesada. Los capítulos, a pesar de ser cortos, me parecían eternos por la escritura tan recargada de la autora, por repetir en exceso ciertas expresiones y por su ritmo tan lento y pausado.
- Los diálogos. Siguiendo la estela de la narración, las conversaciones entre los personajes son monótonas, poco naturales y muy repetitivas. Creo que la intención de la autora era dar un toque poético al libro, pero lo único que consigue es que los diálogos queden artificiales.
- Los protagonistas. Selvaggia es una chica sumamente egoísta, fría, inmadura, caprichosa y manipuladora. Sabe que tiene a Giovanni comiendo de su mano y que él hará todo lo que le pida, así que no duda en aprovecharse de eso para que su hermano le dé joyas, dinero, o todo lo que ella quiera.
Por esta razón Giovanni me pareció bastante tonto. Es demasiado influenciable y tiene menos personalidad que una piedra; siempre obedece ciegamente a Selvaggia, perdonándola todo y dejando que juegue con él.
- El romance. Dejando de lado que es repentino a más no poder (Giovanni se enamora de Selvaggia al instante), me sacaba de quicio la posesividad que ambos sienten el uno por el otro. Para mí lo suyo no es amor, es obsesión y, en el caso de Selvaggia, interés. Los dos son víctimas de unos celos incontrolables y su relación se me antojó enfermiza.
- El final: Además de parecerme un sinsentido que no tiene ni pies ni cabeza, lo encontré muy apresurado y forzado.
La afinidad alquímica ha supuesto un chasco en todos los aspectos.
Una trama mal llevada, unos personajes inmaduros y difíciles de soportar, una narración pesada y un romance poco creíble y que deja indiferente son los ingredientes de esta obra.
Pretendía ser un dramón al estilo Romeo y Julieta y se ha quedado por el camino.