Dueño del deseo. Serie Los MacAllister 1

Por mandato y decreto del rey Enrique II, Emily debe pasar un año bajo la protección y custodia de Draven de Montague, conde de Ravenswood. De este modo el monarca pretende asegurarse de que las disputas y reyertas entre Hugh, el padre de la chica, y Draven, lleguen a su fin; puesto que está más que harto de mediar entre dos de sus señores y vasallos.

Como un modo de mostrar la disposición de ambos a su orden, estos deben acceder a entregar algo muy preciado por ellos. Hugh debe entregar, con todo el dolor de su corazón, a su adorada hija Emily, su más preciado tesoro.Para Draven su más valorada posesión es su honor por lo que jura por su honor de caballero garantizar la seguridad de la chica que queda a su cargo.

Draven de Montague es un caballero, un hombre entrenado para la guerra que sólo sabe de batallas y de armas, un hombre que ha dedicado toda su vida exclusivamente al servicio de la corona. No ha conocido jamás de sentimientos cálidos, de afecto ni cariño.

Curtido y endurecido por las batallas vividas tanto en el campo de batalla como en la convivencia con su despótico padre, Draven se ha convertido en un guerrero invencible y temido, pero también en un hombre solitario y sin cariño.

Por su parte Emily siempre soñó con casarse y tener hijos, mas su padre tenía otros planes para ella. Por eso cuando el rey ordena que sea entregada al cuidado de Draven durante un año, ella no siente rechazo ante la idea sino que ve la oportunidad de conseguir al fin un marido con el que ver cumplidos sus sueños.Un hombre con el que descubrir la pasión y conocer el amor, aunque este hombre sea nada más y nada menos que el terrible Draven de Montague.

Por ello, decide emplearse a fondo para despertar el interés del terrible guerrero....



Draven es un hombre atormentado por su pasado que últimamente tiene unos fuertes enfrentamientos con Hugh. Tal es la situación, que el rey Enrique decide parar los ataques dejando a la hija pequeña de Hugh, Emily, al cuidado de Draven durante un año entero. A cambio, el conde de Ravenswood promete garantizar su seguridad y no tocarla ni mancillarla de ninguna manera; de lo contrario el castigo será la muerte.
Esto parece de lo más sencillo... de no ser porque Emily está harta de la sobreprotección de su padre. Sobreprotección que la impide encontrar marido, por lo que, asustada ante la perspectiva de acabar sola y sin formar parte de una familia propia, Emily se propone hacer lo imposible por seducir a Draven.
Por otro lado, el conde no puede evitar sentir una increíble atración por la hija de su enemigo, y aunque pone todo de su parte por no caer en la tentación, por el pacto con el rey y por la terrible maldición que cree que lleva en la sangre y que matará a la muchacha, el comportamiento seductor de la chica hace que baje cada vez más la guardia...


La trama me enamoró al instante, me parecía diferente a las que suelen caracterizar a la romántica adulta histórica (y que tanto nos gustan) de protagonista femenina que conoce a hombre atormentado quién por ciertos motivos se niega a amar y a que una mujer le arrebate el corazón. Aunque la parte del chico sí que se cumple (y el guión del libro sigue los de todos los escritos de ese género por Kinley MacGregor) me pareció muy interesante el hecho de que precisamente lo que le llevaría a la muerte sería mantener un romance con nuestra protagonista.

A pesar de que el libro tenía muchas cosas a su favor, me da la sensación de que la autora no ha sabido aprovechar bien la historia ni sacarla el partido que merecía. Hay aspectos que no me gustan (como que Emily al principio vea a Draven como la vía de escape que la dará la libertad con la que sueña) y otros que no me encajan.

Aunque el libro me ha gustado, y Kinley MacGregor es una de mis autoras de novela romántica histórica preferidas, considero que no ha estado a la altura de los otros libros de la serie de Los MacAllister (a pesar de que Draven no forme parte de dicho clan). Me ha costado leerle en ocasiones y no me ha enganchado como otros.

A su favor debo decir que a pesar de ser el primer libro de la saga, yo le he leído en último lugar (y el resto de la serie sí que la leí por orden). Por eso, al leer el que escribió primero después de los otros, la comparación resulta inevitable. La narrativa y la trama de Kinley experimentan una gran evolución a lo largo de sus libros, así que es normal que después de leer algunas de sus joyas posteriores, ésta primera obra me resulte algo floja con respecto a las demás.

Aún así, el libro es interesante y apasionado, y Kinley siempre es una buena compañera para las tardes y noches más frías.


Leyna

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