Adam y Jules llevan veinticinco años casados cuando descubren una máquina del tiempo en su cobertizo... ¿Será capaz de devolverles la chispa romántica o lo destrozará todo? Llevan más de media vida juntos, pero se sienten anclados en el pasado, con un futuro que parece... en fin, aburrido. Hasta que Adam encuentra un montón de viejas cintas de casete con recopilatorios de canciones que Jules y él se regalaban cuando eran jóvenes y estaban enamorados. Desempolva su viejo radiocasete, mete una de las cintas, le da al play... y pasa lo inimaginable. Con el poder de viajar en el tiempo, pueden volver a momentos cruciales de su historia. ¿Será esto la clave para recuperar la magia? A través del multiverso, se embarcan en una caza épica para conseguir su historia de amor perfecta. Sin embargo, conforme visitan el pasado, descubren que viajar en el tiempo podría ser tan peligroso como adictivo, porque la tentación de cambiar algunos detallitos es irresistible. ¿Serán capaces de encontrar el camino de vuelta a su desastrosa, imperfecta y gloriosa vida a medida que las consecuencias empiezan a descontrolarse? ¿O se perderán el uno al otro para siempre?
Si buscas una novela romántica diferente, con un toque fresco y muy cercano a la realidad, esta es una apuesta segura.
Una de las cosas más interesantes de esta novela es su estructura. La historia está narrada desde el punto de vista de ambos protagonistas, alternando capítulos. Este formato no solo la hace más dinámica, sino que añade una capa extra de realismo: puedes ver cómo una misma situación se percibe de formas completamente distintas según quién la vive. Y ahí está la magia: no hay un “lado correcto”. Ambos personajes tienen razón a su manera, lo que hace que te involucres mucho más en la historia. Es como escuchar a dos amigos contarte la misma cita… y darte cuenta de lo diferente que la han vivido.
Los protagonistas no son perfectos, y precisamente por eso funcionan tan bien. Tienen inseguridades, cometen errores y, en más de una ocasión, dicen lo que no deberían. Pero todo esto los hace increíblemente humanos.
Durante la lectura, me encontré riéndome en varios momentos porque las situaciones resultaban muy familiares. Ese tipo de escenas cotidianas (malentendidos, expectativas que no se cumplen, momentos incómodos...) están retratadas con mucho acierto. Además, los personajes secundarios aportan contexto y enriquecen la historia sin robar protagonismo, algo que siempre se agradece.
Si algo define el estilo de este libro es su humor. No es exagerado ni forzado: hay diálogos especialmente brillantes, llenos de ironía y espontaneidad.
A diferencia de muchas novelas románticas, aquí no todo es perfecto ni idealizado. La historia muestra tanto la ilusión del inicio como las dudas, los choques de personalidad y las pequeñas crisis que pueden surgir, lo que hace que la relación resulte mucho más creíble.
Es un libro que se lee rápido: los capítulos cortos y el cambio constante de perspectiva hacen que la lectura resulte muy ágil y fluida.
Recomiendo la obra si os gustan historias de relaciones reales, con sus luces y sombras, contadas de forma original. Es uno de esos libros que no pretende cambiarte la vida, pero sí hacerte pasar un buen rato.
Leyna
