A Quinn le gusta hacer listas de todo: de los días que ha llorado como una magdalena, de las cosas que nunca reconocería en voz alta y de todos los chicos a quienes le gustaría besar. Sus listas la mantienen cuerda. Plasmar sus miedos en un papel es su vía de escape para no tener que enfrentarse a ellos en la vida real. Hasta que su diario desaparece. y una cuenta anónima publica una de sus listas en Instagram, donde todo el instituto puede leerla. Por si eso fuera poco, quienquiera que este tras la cuenta la chantajea con publicar su diario entero si no se enfrenta a siete de sus mayores temores. Desesperada, Quinn se une a Carter Bennett (la última persona que tuvo el diario) en una carrera contrarreloj para descubrir quien está detrás del chantaje. Juntos transitarán por todas las cosas que Quinn no se ha atrevido a afrontar; y, por el camino, ella encontrará el coraje para sincerarse, vivir el momento e incluso enamorarse.
Desde que conocí la sinopsis de este libro supe que quería leerlo; la trama me llamaba la atención y el tema de las listas me resultaba curioso. Por desgracia, no me ha terminado de convencer, a pesar de que tiene detalles muy buenos.
El libro va más allá de una chica que pierde su diario con sus millones de listas (algunas que pueden dejar a la joven en evidencia) y de la persona que la chantajea, pidiéndole que realice ciertas tareas a cambio de no mostrar dichas páginas (repito: con información muy íntima) en redes sociales. Trata temas importantes como encontrar el propio camino, el racismo, el machismo, la amistad y la familia. Eso es lo que me ha gustado de la obra: que da voz y visibilidad a cuestiones sociales relevantes y necesarias, y hace reflexionar.
Sin embargo, a pesar de que como os comento la novela tiene sus aspectos positivos, me ha resultado imposible conectar con el elenco y con el romance.
Quinn es una protagonista que me deja completamente indiferente y Carter no me ha gustado como personaje masculino. Es verdad que a medida que avanzaba la trama me fue cayendo mejor, pero siguió sin agradarme del todo y al principio me parecía excesivamente borde, maleducado y creído. Sentí que juzgaba a Quinn por no encajar en la idea de chica negra y, a pesar de que es algo que puede pasar, no encontré justo que actuara así.
Quizá por eso tampoco me ha gustado ni me he creído su romance: la relación entre ellos me resultó bastante rara y precipitada, y a veces incluso forzada. No tuve la impresión de que hubiera chispa o química entre ambos.
A lo largo del libro podemos encontrar listas, pues son una característica notable de la historia y, si bien no esperaba que se descubriera tan rápido quién era la persona que chantajeaba a Quinn, me ha sorprendido la forma en la que se ha resuelto. He disfrutado de ese detalle.
Lamento no haber congeniado con esta historia, considero que tenía mucho potencial y siento que tanto la trama como los personajes y su desarrollo se han quedado a medio gas.
Leyna
