Leo vive en pleno torbellino de la adolescencia. Un universo en el que irrumpe un nuevo profesor, soñador, que pone a prueba a sus alumnos y les obliga a plantearse preguntas acerca de la vida y de sus propios sueños. Preguntas que a Leo le cuesta responder, pero que le acercan al mundo de los adultos. Además, Leo tiene un enemigo: el color blanco. Porque para Leo todas las emociones tienen un color, y el blanco es la ausencia, la soledad y la pérdida, el rojo, en cambio, es el color del amor, la pasión, la sangre; rojo es el color de los cabellos de Beatrice.
Leo ahora ya tiene un sueño, y se llama Beatrice. Cuando Leo descubre que Beatrice está enferma y que su enfermedad está relacionada con ese blanco que tanto le asusta, deberá buscar dentro de sí mismo, para entender que los sueños no tienen fin y que siempre hay que encontrar el coraje para creer en algo más grande.
Aunque Leo nunca ha hablado con Beatrice, lleva tiempo enamorado de ella. Por eso, cuando se entera de que sufre leucemia, el mundo se le viene abajo. No sabe cómo enfrentar ese hecho, ni cómo acercarse a ella, hablarle y mostrarle su apoyo y su afecto. Menos mal que Silvia, su mejor amiga, siempre estará ahí para consolarle; al igual que el nuevo prosefor, el soñador, que le ayudará a ver el mundo desde otra perspectiva.
Estaba convencida de que disfrutaría con este libro, pues además de tratarse del tipo de dramas que suelo disfrutar leyendo, cuenta con muy buenas críticas. Pues bien, debo decir que no me ha gustado nada (en ninguno de sus aspectos)
Ya aviso de que esta reseña va a ser bastante "demoledora": aunque lo he intentado, no he encontrado algo bueno. Sé que a mucha gente le ha encantado esta obra, así que recordad que ésta es simplemente mi opinión.
La trama carece por completo de originalidad. Es cierto que las novelas que tratan sobre este tema (una chica enferma de cáncer) normalmente siguen siempre el mismo esquema; pero también es cierto que otros libros del género (como "Un paseo para recordar" o "Antes de morirme") saben aprovechar mucho más la trágica historia en la que se basan. Además de nada novedoso, lo que ocurre en el libro es totalmente predecible y previsible. Desde las primeras páginas sabía lo que iba a ocurrir; el destino de Beatrice, Leo y Silvia se ve venir a leguas y no despierta ninguna curiosidad. Y eso por no hablar de la cantidad de tópicos que pueblan las escasas páginas de la obra: protagonista enamorado de una guapísima chica con la que jamás ha hablado, chica enferma (¿por qué nunca es un chico el que está al borde de la muerte?), mejor amiga del prota enamorada de él desde hace años que sufre su amor en silencio mientras ve con dolor como él suspira por otra...
Ahora pasemos a los personajes, porque no hay ninguno que me haya caído bien.
Leo me pareció una persona inmadura, infantil y muy poco realista; Silvia se me antojó egoísta, egocéntrica y triste; y Beatrice, a pesar de ser con la que más simpaticé, se me hizo sosa y conformista, aunque hay que reconocer su dulzura.
Con la narración me pasó algo raro, porque si bien leí el libro con un cuaderno al lado para anotar frases que me gustaban (he contado seis) en general no me convenció. Al ser Leo quien cuenta lo que pasa, la forma de escribir me resultó igual de infantil e inmadura que él, además de poco trabajada y desordenada, como si el autor escribiera lo primero que se le pasa por la cabeza.
El ritmo se me hizo aburrido y extremadamente lento, y eso que el libro es finito y está compuesto por párrafos, sin capítulos. La mayoría no superan las dos hojas, y puesto que no era raro encontrar únicamente media página escrita antes de pasar a la siguiente, debería ocupar la mitad. Aún así, a mí me costó leerlo tanto por lo pesado que se me hizo como por la cantidad de hojas en las que no ocurre prácticamente nada.
Se supone que debería ser una historia triste, y aunque lo es, no ha despertado emoción alguna en mí. Soy de lágrima fácil, y mientras que con otros libros de la misma temática (vuelvo a poner el ejemplo de Antes de morirme y añado Por la vida de mi hermana) lloré como una magdalena; con esta novela ni siquiera se me humedecieron los ojos. Es una obra que, cuando la estaba leyendo, me era indiferente. Aunque no me gustara (y esperaba que lo hicera) no me sentí decepcionada o enfadada, sino que me daba igual lo que pasaba o lo que iba a ocurrir; simplemente quería acabar de leer para poder ponerme con otra cosa.
Blanca como la nieve roja como la sangre tiene, para mí, una historia predecible y típica, unos personajes vacíos y superficiales, un ritmo pesado y aburrido y una narración que deja mucho que desear. No es un libro que recomiende, porque no me ha merecido la pena leerlo; sólo me ha hecho a malgastar tiempo y dinero. Sé que son muchas las personas a las que les parece una buena obra, así que me alegro de que por lo menos alguien lo haya disfrutado.
Leyna