La portada de la obra es bastante enigmática y, sumada a la sinopsis, podemos suponer que estamos ante una historia intrigante y que da un poco de yuyu. Y no nos equivocaremos.
La novela no está dividida en capítulos como tal, si no en tiempos y escenarios. Lo que está pasando en el presente se alterna con lo ocurrido a la protagonista en la mansión a la que se mudó y con los hechos acontecidos dos siglos atrás a antecesores de la familia.
De esta forma, iremos conocendo todos los secretos que esconde la casa y enlazando los sucesos que tienen lugar.
Si algo destaca es lo inquietante y siniestra que es la trama: es el elemento distintivo de Compañías Silenciosas. Sus toques góticos y espeluznantes serán una delicia para muchos lectores.
Personalmente suelo disfrutar de elementos del estilo, pero siento que este libro no ha sido para mí, no por estas caracterísitcas de la historia sino por la trama en sí, ya que el ritmo me resultó bastante lento, provocando que la lectura se me hiciera pesada.
Por otro lado, me dio la impresión de que hay bastante paja y que ciertas conversaciones o escenas no aportaban nada.
La narración tampoco me convenció, pues es excesivamente descriptiva en ciertas ocasiones mientras que se queda muy escasa en otras. Los objetos y lugares se describen con todo lujo de detalles, quizá hasta demasiado (al igual que escenas y momentos sangrientos, por lo que no recomiendo este libro a personas con estómagos sensibles), pero los personajes quedan algo flojos. Para mí falta profundizar en ellos, puede que porque al haber tres momentos temporales el elenco es demasiado extenso.
Compañías silenciosas es misterioso y algo tétrico, diferente a lo que solemos encontrar, pero no ha logrado conquistarme.
Leyna