Entre fiestas, amigos y buenas notas en el instituto, la vida de Cristina Evans en Los Ángeles no podría ser más perfecta. Pero cuando sus padres le anuncian que deben mudarse a Miami todo cambia.
Pese a la nostalgia, Cris se adapta pronto a su nuevo instituto, conoce a los estudiantes más populares y encuentra un nuevo amor. Solo dos personas parecen no acogerla muy calurosamente: Susan y su novio Cameron, con los que discute constantemente. Pero si juegas con fuego puedes llegar a quemarte, y cuando Cameron la mira con sus ojos castaños... Cris siente que el odio podría convertirse en algo muy diferente.
Aunque la trama está muy vista, es de ese tipo de argumentos que suelen gustarme y esperaba que al menos pudiera aportar algo diferente o fuera una lectura amena y entretenida. Nada más lejos de la realidad: no hay nada que me haya gustado de este libro.
Historia:
Dejando de lado que el argumento está trilladísimo y que es súper predecible, el libro tiene muchísimos tópicos y un montón de hechos surrealistas: todos los personajes que aparecen en la novela son guapísimos y unos pivonazos; la protagonista se topa nada más mudarse y por casualidad con los chicos más populares del instituto, quienes apenas se relacionan con gente externa a su grupito pero a Cris la acogen desde el primer momento, la defienden a muerte (incluso frente a colegas de hace años) y nada más conocerla ya son súper amigos, la invitan a sus casas y no falta en ninguna de sus fiestas; aparece la típica abeja reina (con su aspecto de típica abeja reina) que desprecia a la protagonista aunque ella es LA ÚNICA que se atreve a plantarle cara; Cris tiene un pretendiente casi al segundo de empezar el libro; encontramos el manido triángulo amoroso que más que aportar algo sólo sirve para rellenar páginas; Cameron aparece por arte de magia allá donde va Cris, vamos, que no paran de encontrarse, incluso en todas las clases (aunque él es mayor que ella)… Y así un largo etcétera. Mientras leía no paraba de poner los ojos en blanco varias veces por página.
Personajes:
Como podéis imaginar después de lo ya comentado, ningún personaje me ha caído bien. En general son o demasiado perfectos (amables, simpáticos, generosos…) o unos bichos. Excepto Cam, el borde que esconde un chico tierno en su interior. Todo el elenco me pareció inmaduro e incoherente, con cambios de personalidad y cosas sin sentido. La mayoría, Cris sobre todo, dramatiza en exceso y exagera cada hecho como si fuera algo gravísimo, lo que me resultó forzado y cansino.
Ritmo:
Las primeras ciento y pico páginas las leí bastante rápido pero a partir de ahí la lectura comenzó a hacérseme cuesta arriba (tópicos y elenco aparte) porque la historia se vuelve muy repetitiva y constantemente hay idas y venidas sobre los mismos temas.
Calidad de escritura:
Soy consciente de que la autora tan solo tiene 16 años y oye, escribir varios a libros a tan pronta edad tiene su mérito, pero su pluma no me ha acabado de convencer. Me ha parecido muy simple e infantil y los diálogos los notaba antinaturales. La parte narrada en prosa me ha gustado algo más, aunque aún así había muchas oraciones cortas seguidas que me chirriaban.
Esta primera parte de trilogía no me ha conquistado: tópicos a tutiplén, historia predecible y repetitiva, ritmo lento, personajes planos…
No lo recomiendo; tengo claro que no voy a leer sus continuaciones.
Leyna
