
Para distraerse en clase de Química, Lily escribe en la mesa un fragmento de la letra de una de sus canciones favoritas. Al día siguiente, descubre que alguien escribió la continuación de la letra de la canción, y que además le había dejado un mensaje. ¡Qué intriga!
Pronto, Lily y su misterioso amigo por correspondencia empiezan a intercambiar cartas enteras en las que comparten secretos, se recomiendan grupos de música y se sinceran el uno con el otro. Lily empieza a enamorarse. Pero ¿quién es él? Mientras intenta resolver el misterio y hace todo lo posible por compaginar el instituto, las amistades, los flechazos y su alocada familia, descubre que a veces es imposible poner por escrito los asuntos del corazón.
Tenía muchas ganas de leer este libro porque la trama me llamaba la atención y me gustaba a partes iguales. Me resulta súper atractivo e interesante que, de forma totalmente azarosa, la protagonista se cartee con un compañero de instituto cuya identidad desconoce y que cada vez va gustándola más.
Es cierto que la personalidad de Lily y su situación en casa no son como esperaba: Lily es extravagante y peculiar y me gustaron su sentido del humor y la ironía y desenfado de sus comentarios, pero a veces prejuzga muy rápido, se repite demasiado y, a pesar de su carácter, siento que lo saca en momentos equivocados y que cuando tiene que imponerse no lo hace. En cuanto a su entorno familiar, inesperadamente caótico y alocado, no pensaba que tendría tanto peso. Al principio no me acababa de convencer que fuera tan importante en la trama, pero a medida que avanza la obra me dejó de molestar y veía más acertado ese protagonismo (que además luego disminuye).
Las cartas eran mis partes favoritas de la novela; estaba deseando que Lily llegara a clase de Química para leer lo que su amigo anónimo había escrito y para saber qué respondía ella. Este tema está perfectamente llevado, ya que la situación de empezar a cartearse con alguien de esta manera puede resultar extraña, pero la autora hace que sea muy natural y creíble.
Debo decir que la identidad del chico de las cartas es bastante obvia, me lo venía venir, pero lo que sí me sorprendió es la forma y momento en que Lily lo descubre y cómo se desarrolla todo a partir de ahí. Cada pieza del puzzle encaja y él me encantó, es un personaje masculino que me ha ganado completamente.
El romance es tan singular como Lily y como la forma en que surge, además lo encontré muy mono. Su desarrollo no me pareció el típico y los problemas y obstáculos que aparecen tampoco son los que podríamos esperar, así como la manera de resolverlos.
El desenlace es ideal, tan tierno y optimista como todo el libro. Me ha dejado con un buen sabor de boca y una sonrisa en los labios.
P.D. Me gustas es una historia divertida, con muchos puntos cómicos (pero también con su dosis de seriedad y enseñanzas) y un romance dulce y bonito.