La maldición por fin está rota, pero el príncipe Rhen de Emberfall se enfrenta a problemas aún más oscuros. Circulan rumores de que no es el legítimo heredero del reino y de que se ha desatado una magia prohibida en Emberfall. Aunque Rhen tiene a Harper a su lado, Grey, el comandante de su guardia, ha desparecido y ha dejado más preguntas que respuestas. Quizás Grey sea el heredero, pero no quiere que nadie sepa su secreto. En fuga desde que destruyó a Lilith, no tiene deseo alguno de desafiar a Rhen. Hasta que Karis Luran vuelve a amenazar con tomar Emberfall por la fuerza. La hija de la reina, Lia Mara, ve los defectos del violento plan de su madre, pero ¿podrá convencer a Grey de que se enfrente a Rhen, aunque sea por el bien de Emberfall?
El primer libro encantó y fue de mis mejores lecturas de 2019 (apuntaba maneras para ser de mis trilogías preferidas) pero esta segunda parte ha sido una gran decepción.
Empecemos por el elenco. No reconozco a ninguno de los tres personajes principales del libro anterior. Siento que la autora ha cambiado su personalidad y los ha forzado a hacer cosas que no pegan con su forma de ser para que la historia fuera por la dirección que ella quería. Rhen nunca había sido cruel, Harper pasiva, ni Grey cobarde y ajeno al sufrimiento de los demás.
El ritmo tampoco me ha convencido. Se me ha hecho bastante lento y pesado, sumado a que apenas ha ocurrido gran cosa en las casi 450 páginas que tiene: básicamente toda la trama se basa en los protagonistas viajando de un lado a otro. Para mí estamos ante una obra puente hacia la tercera y última parte, pero todo lo que pasa en esta novela tampoco justifica el conflicto en el que se basará el último libro.
Tengo la impresión de que hay falta de trama, de argumento y de alguien contra el que luchar. Creo que la autora podría haber aprovechado más la historia que dejó tras el primer libro, pero está tan mal llevada que al final no llega a ninguna parte. Apenas encontramos escenas de acción y las pocas que tienen lugar se resuelven muy rápido y fácil. También hay muchas incoherencias, absurdeces y hechos cogidos con pinzas, como si no supiera por dónde tirar y hubiera metido con calzador aquello que le venía bien para llegar al punto que deseaba.
Por otra parte, la historia es extremadamente predecible. Leí este libro en lectura conjunta y casi todas las que formamos parte teníamos bastante claro lo que iba a ir pasando, e incluso cómo iba a terminar el libro, casi desde el principio. Y no nos llevamos ninguna sorpresa: pasó exactamente lo que pensamos.
El romance es un instalove de manual. Con lo a fuego lento que se coció la relación de la primera parte me choca que en este libro los sentimientos surjan tan deprisa. Por no hablar de una situación en concreto: que a una chica un desconocido la agarre del cuello con la intención de intimidarla y que ella se ruborice y piense en el roce de la piel de él contra la suya me parece surrealista.
