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Un féretro en el tocador de señoras

¿Qué hacer cuando te peleas con tu rica familia y te vas de casa?
Sencillo, irte a vivir con tu novio.

¿Qué hacer cuando la vida junto a tu novio pijo se hace insoportable?
Sencillo, pillarte tu propio apartamento.

¿Qué hacer cuando un fantasma revoltoso se instala en tu piso y te
encarga una misión suicida?
La cosa se complica… bastante.


Olivia es una chica de 25 años, perteneciente a una familia adinerada y con la carrera de Derecho terminada.
Por desgracia, tras una fuerte discusión con su padre a causa del disgusto de que su pequeña vaya a dejar de lado las oposiciones a notaria para hacerse directora de cine, Olivia decide irse de casa.
¿Y a dónde ir en esa repentina situación? Pues al apartemento de su novio Gonzalo, que para eso es su novio y llevan juntos cinco años.
Pero a Olivia parece que la ha mirado un tuerto, porque la convivencia con su novio no termina de cuajar. A él no le hace gracia su desorden, su poca mano en la cocina y la idea de Olivia de pagar al portero para que riegue las plantas. Así que nuestra protagonista se ve obligada a tomar una decisión: o seguir viviendo con Gonzalo y morir de aburrimiento (y vivir de discusiones) o alquilarse un pisito para ella sola.
Como podéis imaginar, se decanta por la segunda opción. Y así, entre clases en la escuela de cine, algún que otro encontronazo con su familia y un distanciamiento palpable con su novio, Olivia se encuentra con una casa donde la música se enciende sola, los armarios y cajones se abren y cierran y la ropa se desparrama por las habitaciones... todo obra de un fantasma inquieto.


Con esa portada tan llamativa, una de las cosas que más me gustó del libro fue Olivia: no es para nada la típica protagonista, y mucho menos la típica protagonista con dinero. Por lo menos yo, antes de leer la novela, me imaginaba a la típica niña bien: alta, despampanante, imponente, caprichosa y glamurosa; y Olivia es todo lo contrario.
Olivia tiene 25 años, ha estudiado Derecho (aunque su sueño es ser directora de cine), y a pesar de que en ocasiones sí puede parecer caprichosa, simplemente no está acostumbrada a hacer determinadas cosas (como la cena). Es BAJITA (muy bajita), extremadamente delgada (como un palillo), lleva gafas (no quiere ni oír la palabra "lentillas") y aunque a veces peca de ingenua tiene mucho carácter y sabe cuándo hacer uso de él para no dejarse amilanar. Se preocupa por los demás y es entregada y directa.

El espíritu que habita en su piso es otra gran revelación. Es el fantasma más curioso que me he encontrado nunca (literalmente hablando). Le gusta probarse ropa, darse baños con espuma y poner la música a tope. Se comunica como puede y guarda muchos secretos y un par de deseos que Olivia es la encargada de cumplir. No será una tarea fácil (ni tópica, el fantasma es impredecible hasta en eso)

Aunque el libro empieza un poco lento, pasados los dos primeros capítulos la cosa cambia. La protagonista se encuentra ante un sinfín de situaciones interesantes, bochornosas y divertidas.

Hay que destacar el sentido del humor con que Regina Roman impregna la novela, pues constantemente nos encontramos con escenas cómicas, tanto por hechos hilarantes como por contestaciones irónicas y diálogos sacásticos.

Con un final cerrado y emocionante, pero al que habría añadido un par de páginas más, "Un féretro en el tocador de señoras" es una novela fresca, divertida y, sobre todo, peculiar. A esto se suman unos personajes espontáneos y cercanos, y un gran sentido del humor.


Leyna
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