Rose Hathaway tiene un serio problema. Su guapísimo tutor Dimitri se está fijando en otra, su amigo Mason está colado por ella y el vínculo telepático que tiene con su mejor amiga la vuelve loca cuando ésta se enrolla con su novio, Christian.
Entonces un gran ataque Strigoi pone en alerta a la Academia, que no está dispuesta a correr ningún riesgo: este año, la semana de esquí con motivo de las fiestas de St. Vlad, será obligatoria. Pero el resplandeciente paisaje invernal y la elegante estación de esquí de Idaho sólo crean una ilusión de seguridad. Cuando tres estudiantes se escapan para contraatacar a los mortales Strigoi, Rose tendrá que unir sus fuerzas con las de Christian para rescatarlos. Sólo que esta vez, Rose (y su corazón) corren un peligro mayor de lo que podría imaginar...
Rose, nuestra dhampir favorita, está pasando por una mala racha: Dimitri parece tener una relación demasiado buena con otra chica, Lissa y Christian no se separan ni a sol ni a sombra, su madre aparece en el colegio... y los strigoi han asesinado brutalmente a una familia moroi. Debido a este espeluznante suceso, la Academia ha decidido que todos los alumnos asistan a las lujosas instalaciones que poseen en la nieve.
A pesar de las fiestas, el glamour y las pistas de esquí, la tensión se palpa en el ambiente, y es que varios estudiantes están decididos a ir a buscar a los strigoi culpables de los últimos asesinatos... y matarles.
Cuando Rose se entera de sus planes, no duda en ir a buscarlos... aunque eso implique unir fuerzas con Christian y correr un peligro mayor del que nunca pudo imaginar.
Tengo tantas cosas que decir sobre este libro, que no sé por dónde empezar.
Si habéis leído Vampire Academy no os pillarán de sorpresas los diálogos ágiles e ingeniosos, el ritmo trepidante y los personajes fuertes que caracterizan la novela.
Para mí, Sangre Azul es mucho más intenso que su obra predecesora, como si todo lo que apareció en el primer volumen de la saga se intensificara en este segundo libro.
La trama me entusiasmó, y no sólo porque la historia me pareciera más interesante e intrigante, sino porque sus páginas están rociadas por un delicioso halo de misterio y emoción. El qué pasará (y qué está pasando) son cuestiones que no podía quitarme de la cabeza mientras devoraba los adictivos acontecimientos transcurridos en Sangre Azul.
Al ya exquisito elenco de personajes que se desplegaba en el primer libro, se le únen otros tantos, peculiares y desconcertantes.
Rose, siempre fuerte, valiente, atrevida, contestona y sarcástica, sigue rodeada de chicos atrayentes: está Christian, el novio de Lissa que cada vez me gusta más y con el que creo que la dhampir tiene tantos encontronazos por lo mucho que se parecen (ambos cabezotas, excesivamente seguros de sí mismos y con ese deje de bordería); Mason, el mejor amigo de Rose que es tierno, encantador y divertido; y, cómo no, Dimitri, el atractivo y serio guardián que la vuelve loca. Pero en esta ocasión otro chico más ronda a nuestra prota: es Adrian, un moroi sexy, rebelde y encantado de haberse conocido que oculta muchos secretos.
El ritmo es más frenético y adictivo que el de su obra anterior. Sólo con leer la primera frase ya me había enganchado. Mientras que en Vampire Academy había momentos más relajados, en los que incluso el ritmo podía flojear, Sangre Azul atrapa desde el principio, manteniendo la tensión y el interés en todo momento.
La calidad de escritura está, como Richelle nos tiene acostumbrados, en su máximo apogeo. Adoro su forma de narrar, contándolo todo en su justa medida, sin quedarse corta y sin pasarse. Las ocurrencias y diálogos ingeniosos e irónicos vuelven a ser una vez más uno de los puntos fuertes de la historia.
Mead es una de mis autoras favoritas: si me sorprendió muy gratamente con Vampire Academy y con Cantos de Súcubo me demostró una vez más su gran talento tanto a la hora de escribir como de inventar historias entretenidas, creativas y originales; con Sangre Azul me ha enamorado de nuevo. Me encantan todos sus libros, y sus sagas se cuentan entre mis preferidas. ¡Larga vida a Richelle Mead! (Y a sus obras xD)
La única pega que puedo sacarle a Sangre Azul, es que, en ocasiones, Rose muestra un comportamiento algo más inmaduro que en el primer libro, protagonizando ciertas pataletas que la hacen parecer un tanto infantil. A veces me daban ganas de zarandearla para que dejara de actuar así (sobre todo delante de Dimitri)
Si Vampire Academy me encantó, su continuación me ha gustado mucho más, conviertiéndose en uno de los mejores libros que he leído este año. Los motivos de que prefiera esta segunda obra a la primera son los nuevos personajes, el incremento indudable de acción y misterio, el ritmo adictivo y constante, y el hecho de que Lissa no aparece demasiado y Rose no está tan pendiente (y es tan dependiente) de ella. Eso por no hablar del regustillo de esperanza y alegría que me dejó el final. (Bastante cerrado, cosa que agradezco)
Sangre Azul es el segundo de los seis libros que componen la saga Vampire Academy (reseña del primero AQUÍ). Aún no se sabe cuándo se publicará la tercera parte pero espero que sea pronto, porque la sinopsis deja muchas ganas de catarle y por lo que tengo entendido pasará algo fortísimo (pero no sé el qué)
No podéis dejar pasar una obra tan fabulosa como ésta.
Sangre Azul es una novela muy completa, sabe mezclar a la perfección la acción, el humor, el misterio y el amor.
Con una trama original, unos personajes a quienes querrías conocer en persona y una narración fluída y adictiva, resulta imposible no quedar atrapado en el encanto del mundo que Richelle Mead ha creado tan magistralmente.
Leyna